8M│Nina, del periodismo al trabajo sexual pasando por la militancia feminista

Eligió ser puta empujada un poco por la necesidad y otro por las ideas y las lecturas que la liberaron.

Nina León, al contrario de lo que indica su apellido, tiene cara de nena, una sonrisa fácil, una voz suave y no se come a nadie. Se recoge el pelo algo rojizo en lo alto de la cabeza con una vincha. Su historia es muy particular: llegó al trabajo sexual desde el feminismo. Y fue un libro el que le “voló la cabeza” y la liberó, dice.

“Soy de Formosa: viví ahí hasta los 17, 18 años. Allá hice la primaria y la secundaria”, empieza a contar su historia. Cuando llegó el momento de decidir una carrera, se mudó a Corrientes e intentó ser esteticista. Pero una de las materias era Anatomía y no le gustaba. Hizo cursos de maquillaje y de cosmetología.

Se mudó a Buenos Aires y se recibió de periodista deportiva. Hizo una pasantía en una revista importante, pero no le gustaba el ambiente: era muy machista. Además, la tarea que le asignaron era rutinaria, más administrativa que periodística. Sin embargo, con algunos compañeros empezó a escribir en una revista: había notas de investigación, puntos de vista alternativos. Sintió que eso era lo que verdaderamente le gustaba. Eso de darles voz a los que no tenían micrófono. Se inscribió en una escuela de medios, trabajó en villas. “Vi que era lo que me apasionaba, aprendí un montón”, dice.

Para mantenerse, sin embargo hacía trabajos que no le gustaban, donde no tenía posibilidades de crecer, cumplía horarios larguísimos, y ganaba poco: calls centers, salones de belleza.

Quedó embarazada, tuvo una hija. Había empezado a leer sobre feminismo y se había alineado con el abolicionismo de la prostitución. Su profesor de un taller de escritura le sugirió Teoría King Kong, el libro de la escritora Virginie Despentes . “Fueron muchos cachetazos juntos, ahí encontré muchas respuestas” recuerda. Agregó a sus redes a las chicas de AMMAR y comenzó a absorber con curiosidad todo lo que podía sobre feminismo y trabajo sexual.

Cuando se separó y se tuvo que hacer cargo sola de su economía sin recurrir a sus padres se planteó una encrucijada. “Tengo treinta años y no puedo independizarme. No hay un solo trabajo que me permita hacerlo. No quiero pasar 12 o 14 horas fuera de mi casa y perderme el crecimiento de mi hija. No quiero que una niñera sepa más de ella que yo”, se cuestionó.

Entonces, la posibilidad de ejercer el trabajo sexual empezó a aparecer para Nina como una posibilidad. “Se lo conté a una amiga, llorando, pero lo tomó con mucha naturalidad. Me conectó con las chicas de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices), que me sacaron muchas dudas: el día a día, la cuestión de la salud, de la legalidad”, recuerda.

“Decidí hacerlo por internet. Me armé un perfil en una página gratuita. Esperé, no tenía apuro. Y mientras tanto, fui a un congreso nacional de trabajadoras sexuales. Me pedi el día en el trabajo. Me volaron la cabeza las historias de las mujeres de todo el país, todas distintas, de 19 a 70 años. Cuando salimos para marchar, me escondí en la capucha del buzo para que no me reconociera algún compañero que pasara en colectivo. O peor, mi jefa”, se ríe.

Cuando volvió a su casa, vio que una conocida en un grupo de Whatsapp preguntaba si había alguien disponible para un trío con una pareja de confianza. Estaba cansada, pero contestó ella, aunque nunca había tenido una experiencia así. Inmediatamente la llamó la mujer. “Sos muy linda” . escuchó. Para ellos también era la primera vez, aunque antes habían ido a algunos lugares de swingers. Nina contestó a las preguntas sin saber bien qué tenía que decir, por pura intuición.

-Era cerca de casa, y terminé pasándola muy bien. Estaban supernerviosos los dos. Pensaron que iba a caer vestida como Moria Casán y llegué yo, como si fuera a un bar con amigos, muy sencilla. En un momento ella me llamó a la habitación y me dijo que no sabía cómo hacer.

-¿Y qué hiciste?

-Nada, pura intuición. Como estudié periodismo se preguntar. Como hice mucha terapia , aunque no estudié, tengo algo de psicóloga. Hay que detectar qué necesita el otro, estar atenta. Ser receptiva, observadora. Volví a mi casa con plata en el bolsillo riéndome, diciendo “No puedo creer lo que acaba de pasar”. Y en la segunda cita, fui a un supermercado y compré de todo, llené la alacena y la heladera. Era una sensación impagable. Se había terminado eso de pedir prestado,cobrar y devolver constantemente.¡ No quería mas! No podía seguir llorándole a todo el mundo.

– No tenés miedo de que te señalen…

No, el día que alguien me venga a cuestionar, le voy a preguntar. ¿Cuántos sachets me mandaste cuando no tenía leche para mi hija?

– Los clientes, ¿son prejuiciosos, machistas?

-Algunos clientes vienen a la primera cita con prejuicios contra la vida de la puta. “Vos sos puta , y tu vida debe ser solamente eso”. Pero se encuentran con otra cosa. Ah, ¿sos mamá? Ah, ¿escribís? Ahí empiezan a interesarse, hacen un click. Algunos me confían cosas que a nadie le dicen.

-¿Qué querés hacer en el futuro?

Mi objetivo es trabajar con el arte erótico. Tengo un proyecto teatral. Escribí cosas eróticas. Pensar que antes ni sabía reconocer el orgasmo ni masturbarme… No conocía mi cuerpo, me generaba vergüenza. El trabajo sexual me fue abriendo puertas para romper tabúes con respecto a esa educación sexual que no tenía, me dio calma para descubrirme en cosas que no tenía incorporadas.

-¿Es peligroso el trabajo sexual?

Yo puedo decidir con quién ir y con quién no. Por internet hay clientes que se obsesionan, que no aceptan el no y empiezan a acosar a algunas compañeras, sobre todo a las que no les contaron a sus familias lo que hacen. Por eso yo lo conté casi enseguida, cuando pude explicarles a mis hermanos que la decisión la tomaba porque quería y no porque me estaban obligando.

– ¿Cuándo creés que “puta” va a dejar de usarse como insulto?

– Falta mucho, tienen que cambiar mucho las cosas en nuestra sociedad. Peleamos por eso, y por más derechos para todas. Lo del insulto es una cuestión cultural. No se si lo va a ver mi hija. Ojalá.

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