Agua

Iba a hacer una videollamada. Con Diego no podemos hacerla hace como un mes o más. O no puede él, o no puedo yo. Así, nos quedamos cuatro veces en el intento.
Su hermana está embarazada, él se ofreció a llevarla al hospital en auto y yo celebro los gestos de amor que voy aprendiendo cada día de mis clientxs con sus círculos íntimos. De paso, te pienso.
Escribo que no era mi problema que hubiera otra. Era que no nos estábamos divirtiendo. Y que ahora, sin embargo, qué ganas de proponerte un nuevo juego y cuando me leas, no me des click en Instagram. Que me mandes, mejor, un mensaje por WhatsApp detallándome qué sentiste cuando volví a aparecer para vos.
Cuando no me hablás, me siento un volcán con su lava estallando inútilmente en un lugar donde no hay pueblo. Nadie va a sentir mi calor cuando yo salga. Como cuando era esa beba a la que nadie deseaba, aterrada porque todxs decían que mamá podría morirse con mi llegada.
Hablaban de que su alergia y la anestesia, que su sangre negativa y la mía positiva, que si no moríamos ambas, seguro que alguna de las dos, y me aterraba que fuera ella. ¿Quién quiere ser fuente sin agua?

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