El trabajo sexual no es sólo genital

Me escribe un fijo de hace dos años. Está angustiado porque lo están extorsionando. Una piba lo agregó al IG. Comenzó a hablarle y le terminó diciendo que ejercía el trabajo sexual. Lo empalagó para que le compre fotos. Él lo hizo, como suele hacerlo con muchas que ejercemos.
Al rato, recibió un mensaje por WhatsApp. Eran, en teoría, de la Asociación Argentina de Lucha Contra el Cibercrimen, pero le pusieron “Ciberdelito” y le escribieron “que conteste a la combersación ya mismo”. Con eme y be larga.
Lo amenazaron de que si no pagaba 40 lucas llevarían “las pruebas” de su pedofilia a la fiscalía porque le había comprado fotos a una menor.
El perfil de IG desde donde le escribieron, tiene la foto de una mujer mayor de edad que promociona contenido para adultxs. La foto que él recibió también es de una persona adulta.
Todo el detalle que le pasó esta supuesta mujer podría haberlo escrito yo ofreciendo mis fotos o videos. Es el mismo lenguaje que utilizamos las trabajadoras sexuales para promocionar nuestros servicios.
Él, sin embargo, accedió a pagar mediante diversos links de Mercado Pago por temor a que su familia se enterase que contrata servicios sexuales.
Me pide disculpas por escribirme a la 1.30 am pero se siente mal. Le hago varias preguntas para entender toda la situación y le pido que me pase la foto que recibió y el IG de la tipa.
Tiembla su voz cuando me cuenta las cosas. Me dice, en un momento, que siente se va a desmayar.
Le digo que se moje la nuca y la cabeza. Y que no sea tan pelotudo como para creer cualquier gilada que digan otrxs. Que se tranquilice.
Yo no soy pedófilo pero si mi hija y mi mujer se enteran de que contrato servicios, se me pudre todo, me responde.
Contratar nuestros servicios no es delito, le digo. Ya sé, me vuelve a responder, pero me da miedo que se me pudra todo.
Quizá vas a tener que hacerte cargo de que no hablaste a tiempo con tu compañera y no le estás dando la opción de que decida si quiere o no seguir con vos sabiendo que te pinta, a la vez, meterte en otras historias, sigo.
Asiente y me agradece.
Le digo que se haga cargo y que dé de baja urgente las 40 lucas.
Duda. Tiene miedo.
Le digo también que no somos ni los clientes ni las trabajadoras sexuales toda esa mierda de la que nos quieren convencer. Que un tropezón no es caída, una caída no es la muerte y la muerte no es más que el cambio. Así que a darle.
Su voz suena más tranquila. Lo saludo y me voy a dormir.
Al otro día me escribe de nuevo. Llamó a esa Asociación y le dijeron que claramente fue una extorsión.
Se animó a hablar con su compañera y le contó todo. Lo entendió y lo incentivó a hacer la denuncia.
También aprovechó a contarle lo que sólo había podido hablarlo conmigo: durante parte de su adolescencia, habia sido abusado por mujeres de su familia. Lo desbloqueó en uno de los encuentros que tuvimos donde le pusimos palabra al hecho porque ni siquiera lo había dimensionado desde ese lugar.
Todo estos mundos también lo habitamos quienes ejercemos el trabajo sexual. De la confianza de mis clientxs aprendo años luz sobre empatía.

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