Nina León: La Puta Escritora y las diferentes formas de ejercer el trabajo sexual

El lunes seis de agosto tengo una entrevista acordada con Natalia Canteros, me interesa escucharla ya que es una trabajadora sexual (militante activa del grupo AMMAR) que escribe literatura. Me gusta la literatura de mujeres, por eso analizo la obra de una escritora mexicana aún poco estudiada; con ello me titularé próximamente como licenciada en Letras Españolas por la Universidad Veracruzana. Tomo un taxi con dirección al barrio de Boedo, en Buenos Aires; llevo encima un poco de nervios y de miedo (me dijeron que el barrio era “pesado” aunque vivo en México ¿qué hay peor que Veracruz en estos momentos?). Todo se trata de una incertidumbre por conocerla, por mirar dónde vive y cómo vive. Mi espíritu de curiosa o mi intento de cronista, me hace llevar en una libreta de notas cerca de treinta preguntas, hay tanto que quiero saber.

Toco el timbre, una, dos, tres veces. Abren la puerta. Natalia me sorprende desde el primer momento, una chica bajita de estatura, con una melena castaña espectacular y una sonrisa de oreja a oreja que me invita a pasar a su departamento, me hace sentar en la sala que está llena de juguetes de su hija y de un librero que me da de frente. También nos acompaña su gata Gilda, nombre de una famosa cantante argentina de cumbia, de eso me vengo a enterar después de la entrevista. Me invita un mate o un café, acepto el café. Natalia no necesita presentaciones, ni hablarle de quien soy, qué estoy investigando en Argentina; es más, ni siquiera me pregunta el por qué la busqué. Simplemente comienza a hablar, como si yo solo fuera un mero estímulo para hacerla dialogar con ella misma: Natalia y Nina…y comienza.

Vida como militante

Natalia Soledad Canteros tiene treinta y un años, es oriunda de Formosa, una provincia Argentina ubicada en la frontera con Paraguay. Desde hace trece años vive en Buenos Aires. Estudió la carrera en periodismo deportivo, trabajó en el Diario Deportivo Olé y también en revistas autogestivas hasta que entró de lleno al trabajo de la militancia, directamente a trabajar en las villas.

Ése fue un primer momento clic en su vida. Era en el gobierno de Néstor Kirchner, cuando la agrupación La Campora era lo máximo de la militancia juvenil. Sin embargo Natalia dudaba políticamente de este grupo y decidió entrar a otro, donde trabajaba dando apoyo escolar, referenciaba barrios, o hacía diferentes actividades dependiendo las necesidades que había. Años más tarde decidió salir de ese grupo para buscar nuevos lugares y otra forma de vida, pero siempre con la idea de vivir militando. Natalia para ese entonces ya traía en la cabeza el tema del trabajo sexual, había ido a varias charlas sobre prostitución en la Facultad de Filosofía y fue que decidió acercarse a las prostitutas para militar con ellas, ayudarlas en la lucha por sus derechos laborales o desde algún punto.

El nacimiento de Nina León, la Puta Escritora.

Su nombre de guerra (como le dice Clarice Lispector al nombre artístico que toda prostituta tiene) es Nina León. Nació justo después de separarse de su ex pareja. Ella cuenta que después de ese momento le comenzó a brotar el deseo de escribir relatos eróticos y poesía caliente; se preguntaba ¿de dónde mierda sale esto? Natalia cuenta que su sexualidad había sido hasta ese momento bastante mala, mucho de ello por la desinformación; y pasaba por un proceso de auto represión sexual. Un día en la soledad de su departamento, de noche, mientras se fumaba un faso, escribió este cuento:

“Vomito en silencio. No me animo a hablar. Tengo miedo. Solté ataduras, dolores, rencores y volví a nacer pero, aun así, tengo miedo.

Me parí hace poco, en mi propia casa, mientras me observaba en el reflejo de los vidrios, masturbándome con la mano izquierda y escribiendo con la derecha. La vanidad fue el primer pecado capital que devoré. Quizá vaya por todos. Escribo sofocada, con los ojos llenos de lágrimas. La garganta me asfixia y la taquicardia me invade, como si no pudiera decidir por mí. Mi gata de tres meses decidió meterse adentro de una valija mal cerrada y ahora no puede salir. Me siento igual.

Tengo una hija, escribo, lucho por mis derechos y desde que soy puta, temo.

Temo que mi mamá crea más en la Iglesia, que en mi propia voz. Que mi papá confíe más en los noticieros que en mi realidad. Temo por mis hermanos, que no me acepten nunca, que ignoren mis palabras. Los quiero abrazar, contarles mi verdad.

Decidí ser puta pero temo, por eso escribo. Temo al rechazo y al aislamiento. A la falta de amor, de contención. Temo por la moral, que sea más fuerte, y que mi familia deje de quererme. Aun así, decidí ser puta.

Me animé a ejercer este trabajo cuando me cansé del periodismo rata, de los call centers esclavistas, de los jefes misóginos o de las mil horas en los salones de belleza por comisiones basura. Todos complotaban para que mis ideas no se encendieran nunca. Para que sintiera culpa por detestarlos.

Me animé a este trabajo por la curiosidad de explorarme en el sexo. Busco sin certezas abismos para mi cuerpo. Dejé de ser la nena avergonzada que miraba porno a escondidas.

Me animé a ser puta y ejerciendo este trabajo me encontré más auténtica y frontal. Comencé a quebrar prejuicios con los que había crecido. Esta nueva profesión me enseñó a escuchar. Conocí a Simón, mi primer cliente con diversidad funcional, que no pensó ni en su silla de ruedas ni en su patología como impedimentos para sentirse vivo al lado mío. Me crucé con Juan, que busca en los pernoctes y en mis abrazos un sitio seguro donde refugiarse, soltando su timidez. Me topé con Jeremías, que me hizo llorar en nuestra primera vez cuando, con los ojos vidriosos, me relató el momento en que su compañera de vida se moría consumida por un cáncer de mama, mientras sus hijos la despedían. Conocí a María y a Jonás, que me buscaban en los tríos para alimentar su alianza sin que la rutina los apagara. Me hice cómplice de Belén, que aún no se anima a enfrentar su bisexualidad pero que siente alivio ante mi presencia. O de Mateo, a quien no podría mirar como pareja y, sin embargo, es uno de los hombres que más me calienta.

El trabajo sexual me ayudó a reconocer mi propio cuerpo. Pese a eso, temo y a veces también lloro en soledad. Pero desde que decidí ser puta comencé a entender que nadie me va a volver invisible, como lo hicieron con mi mamá. O que nadie puede prohibir mi pasión, como lo hicieron con mi papá.

Decidí ser puta cuando acepté que no estaba mal ser puta y que tampoco necesito que esté bien ser puta, porque es mi decisión y es suficiente para enchastrarme en el barro de mis sueños.

Decidí ser puta. Sin culpas. Con amor.

Decidí ser puta y bautizarme Nina León.”

Esto ocurrió mucho tiempo antes de ejercer el trabajo sexual y cuando comenzó, ella lo fue “tallereando” y agregándole nombres, historias y sus propios temores acerca de sus inicios dentro de este oficio. Ella necesitaba tener un nombre para que su familia no la reconociera, sufría de paranoia hasta que entendió que las páginas para trabajo sexual no las consume el cotidiano de la gente; cuando se sentó a pensarlo, comprendió que no solo podía utilizar ese nombre para su nueva ocupación, sino que estaba perfecto para su pseudónimo como escritora. Fue entonces cuando se autonombró: Puta Escritora.

El poema que dio inicio a todo

Natalia estaba en búsqueda de otro espacio donde militar y en ese lapso de tiempo, en un momento de reflexión se preguntó a sí misma que si fuera puta ¿qué le reclamaría a la sociedad que la está desoyendo? Y fue que de ello nació el poema “Profesión Puta”:

“El cielo es un chaz, pero la cabeza no descansa más

Cargada está de incertidumbres y cuestionamientos

Empachada de autoconocimiento

Acerca de lo que siento y lo que me pasa

Acerca de cómo será la casa

Porque ser puta no es para todas

Y aunque mi elección sea en buena hora

El afuera y lo interno no valora

Y entonces sangramos y dolemos por dentro

Irritadas por aquellos sentimientos que nos embisten con ponzoña de cascabeles devoradoras

Siendo en vano ofuscadas observadoras de la profesión más antigua del mundo

Que aún no ha encontrado su rumbo

Para acceder a la aceptación, a la salud y a jubilarse

Porque está mal elegir masturbarse y coger cobrándole a otros

Que también eligen igual que nosotros

Menos reto y más trato

Que las putas elegimos serlo hace rato

También pensamos y parimos dolores por estigmas viciosos sinsabores de la sociedad que nos cría y nos ataca

De la sociedad que nos ignora mientras nos machaca

Seres fríos sin opciones libres

Seres tibios apuntando con calibres que abren guerras

Disparando mucho fuego por omisión de otras verdades y otros relatos

Imponiéndonos bachilleratos sobre cómo vivir y de qué laburar

Jamás sin carburar sobre nuestra autonomía

Jamás sin analizar nuestra independencia

Solo por catalogarla como violencia

Desde el pedestal academicista hasta el estado punitivista

Desde quienes creen en nuestra inexistencia

Transformándonos en sinónimo de delincuencia

Violenta es toda acción del mundo, señoras y señores

Cuando intenta coartar nuestra voluntad y nuestros sueños

O cuando intenta imponernos dueños

No me vengan con falsas excusas

Confusas e inconclusas

Que nuestras blusas decidimos quitarnos o nuestras palabras regalarlas

A todo tipo de clientes dispuestos a adorarlas

Y cobramos, sí, antes de cada visita

Y somos felices, sí, malgastando e invirtiendo nuestra guita

Y morfamos, sí, siendo nosotras las jefas de hogar, de camas y de sábanas

Siempre siendo escribanas de la conquista del deseo

Y del cuerpo en uso como recurso laboral

En este mundo desigual y capitalista

Que no nos permite a las putas ser solistas

mandar en nuestra vida y en nuestros horarios

Porque el mundo gobierna con criterios sedentarios

Que quietos viven porque mejor dominan

Que quietos aleccionan porque así nos eliminan

Impidiéndonos salir de la estructura que nos regala mano dura

A pobres, presos y soñadores que buscamos cachetear a los pudores tradicionales y poco amables

que nos corrompen con falsedades

somos putas porque queremos

somos felices meretrices sin deseo de que nos infantilices

y optamos por esta vida, atrevida para vos

pero vos tampoco sos dios

ya no imploramos por tu perdón

ni tememos morir en tu paredón

queremos paz y derechos laborales y dejar de ser seres penitenciales.”

Sin haber comenzado, se puso en los zapatos de una hipotética puta y escribió esto. Su futura profesión la comenzó desde la empatía. Entonces una amiga suya de un taller de escritura (que fue un espacio muy importante para ella, porque le ayudó a canalizar y a escribir sus primeros relatos) le pidió que le enviara ese poema para transmitirlo en la radio, en un programa que nadie conocía. Natalia, con dudas de la calidad de su poema, lo envió, más por la insistencia de su amiga que por voluntad propia. La amiga lo subió a Facebook y en escasas horas estalló en ser compartido. Cuando lo leyó Georgina Orellano (una prostituta que tiene muchísimos seguidores en las redes) lo compartió, y una de las personas que lo vio fue María Riot, actriz porno, a quien le gustó y también lo compartió: dieciocho mil vistos, súper viralizado en escasas horas. Ella, en vez de emocionarse por sus inicios literarios, se puso a pensar en que su familia pensaría que era puta, y en idear qué les diría para que ellos no creyeran eso.

En mayo del 2017 se realizó el 1er Congreso de Trabajadoras Sexuales en el Hotel Bauen, hotel autogestionado por sus propios empleados, localizado en el centro de la ciudad de Buenos Aires. El encuentro terminaba el 2 de junio, justo el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales, ese día iban a marchar frente al Congreso prostitutas que venían de todas las provincias de Argentina y hacían esto con el objetivo de visibilizarse. Natalia recién se había acercado a una amiga que conocía el trabajo sexual para compartirle “con lágrimas en los ojos” que había decidido comenzar el trabajo sexual. En cuestión de minutos y de la manera más natural la chica le explicó algunas cosas y la agregó a un grupo de prostitutas para que creara su perfil. Fue entonces cuando Natalia decidió ir a ese congreso, faltó a trabajar y asistió. En la ronda de presentación, cuando le tocó hablar dijo: bueno, yo soy Nati, o Nina León, y soy una potencial puta porque solo tengo el usuario en las páginas. Ya había abierto su usuario para publicitarse pero no había concretado una cita con nadie, pensaba hacerlo acabando el congreso. Ella recuerda que en su presentación Georgina gritó “ella es la Puta Poeta” y todas le aplaudieron asombradas y alegres, reconociéndola por ese poema que a todas había identificado. También les compartió que su familia no iba a saber por un largo tiempo de su nueva profesión, porque tenía miedo al rechazo, pero que estaba segura de que quería hacerlo: Fue ahí cuando Elena (una de las fundadoras del grupo AMMAR) me dijo: “bueno, vos no te preocupes por más que te deshereden nos tenés a todas nosotras que somos tu nueva familia” y para mí eso fue como “¡wow, qué bienvenida!” jamás en la vida me había sentido tan incluida en algo. Pensaba: “loco, es un colectivo recontra excluido que sin embargo, cuando lo conocés, lo primero que hacen es incluirte; hacen lo contrario a lo que les hacen”. Ahí se terminó de convencer, aunque primero dudó: ¿bueno, pero qué hay detrás de todo esto? ¿debe haber algo? no creía que existiera tanto compañerismo y empatía dentro de ese círculo; ella ya había estado en otros grupos que le habían dejado cosas buenas, pero en éste se sintió involucrada por las chicas desde el primer instante, Natalia pensó: “detrás de esto solo hay seres muy humanos”.

El 2 de junio, ella se recuerda encapuchada de pies a cabeza en la marcha del Congreso porque tenía miedo de que sus jefes la vieran, trabajaba en una empresa y había presentado un certificado médico para poder asistir toda la semana al congreso.

Al día siguiente se hizo la marcha #Niunamenos y Natalia decidió marchar con las prostitutas, fue el momento en donde se vizibilizó con las demás compañeras, sentía paranoia pero eso no impidió que lo hiciera. Si alguien la cuestionaba diría que estaba dando un taller para ellas, y por eso las acompañó en la marcha. Por miedo, esa fue su mentira durante seis meses.

Cada una de las trabajadoras sexuales comienzan cuestionándose el bien y el mal de este oficio, cada una sabe el momento y el proceso de su visibilidad, algunas lo callan siempre frente a sus familias. En Argentina estas mismas mujeres crearon el grupo AMMAR para poder militar por sus derechos y para erradicar los estigmas, no obstante muchísimas de ellas por ese miedo a ser reconocidas, es que la militancia la tratan desde un perfil bajo; No obstante ellas saben que en los grandes grupos se necesitan cuerpos para poder avanzar.

La prostitución en Argentina y el grupo AMMAR

En Argentina como en toda América Latina, la prostitución sigue siendo un trabajo clandestino. Para las prostitutas de este país por más que vengan de la clase social que sea, que sean “putas vip” (porque hayan estudiado la universidad o sepan cinco idiomas) o “putas pobres”, lo cierto es que absolutamente todas, atraviesan en algún momento el problema del estigma social, el rechazo familiar y la falta de derechos laborales. Esto es lo que les dio fuerza para que, hace 33 años, se creara el sindicato AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina) el cual ahora es más inclusivo al presentarse como sindicato de trabajadorxs sexuales. El grupo se gestó principalmente por la lucha por la erradicación de la violencia que impone la policía a las compañeras que laburan en las calles, en ese entonces, (que son las que peor la pasan, según me cuenta Natalia) ya que desde la dictadura de los setentas existen códigos contravencionales, aún en dieciocho provincias, que lo que hacen es habilitar a la policía dándole poder para que arbitrariamente puedan arrestar y levantarles actas mientras intentan laburar, les hacen pagar cuotas solo para permitirles estar en una determinada calle, lo cual no debería hacerse porque, en el código penal argentino, la prostitución no aparece como delito; no obstante, existen esos códigos contravencionales siguen criminalizando la prostitución. También existe la Ley Anti Trata, que parte de la base de que “no existe el consentimiento”, entonces desde ese punto, se les quita el lugar a las prostitutas que sí eligen trabajar de esto, y que además lo eligen de manera legal. Es por esto que luchan día a día contra el cambio de estas leyes,

Antes no tenían nada que amparara su trabajo, que les hiciera mejorar un poco su calidad de vida, más que organizarse entre ellas. AMMAR ahora forma parte de la CTA (Central de Trabajadores de Argentina). De tres años a la fecha, espacios educativos, culturales y de organización política, les están abriendo las puertas para escucharlas y ayudarlas. Un ejemplo, el espacio que les dio el Encuentro (Pluri)Nacional de Mujeres para tener mesas de discusión, ya que la gente quiere escuchar los testimonios de las Putas (en primera persona); también el grupo Fuertsa, que es un frente de “aliades”, desde grandes académicos hasta personas civiles que apoyan los derechos de las trabajadoras sexuales y luchan al lado de ellas.

Natalia acepta haber sido abolicionista, juzgaba cualquier situación de prostitución por la información que le llegaba de las redes sociales. Ella cree que el destino hizo que fuera encontrándose con las que ahora son sus compañeras, comenzó a conocerlas, a leerlas y a involucrarse en sus problemas; ése fue el momento en que se comenzó a interpelar fuerte con ellas y con las cuestiones de género y feminismo. Leyó,por recomendación de su maestro del taller, La teoría de King Kong, de Virginia Despendes, el libro que dice Natalia es “la biblia de las putas”, el cual no solo habla del trabajo sexual sino de diferentes cuestiones que hacen al feminismo; la autora da su testimonio de la experiencia que tuvo como trabajadora sexual pero también como mujer que fue violada en su juventud. Para Natalia leer este libro fue parte de un resquebrajamiento de ideas: Yo hasta publicaba cosas que siempre digo hasta el día de hoy: si alguien fuera a 2014 encontraría en mi Facebook cosas de anti prostitución y yo las dejo justamente (no sería capaz de borrarlas ni a palos) para entender el grado de desinformación que tenía, pero también el grado de estigma hacia otras personas, quiero hacerme cargo de que eso existió en mí y quiero hacerme cargo también del momento que hoy transito, no tengo ninguna verdad absoluta de nada, no puedo venir a decirle a nadie ni cómo tiene que vivir, ni qué tiene que elegir, ni si está bien o mal, yo ya no creo en el bien ni en el mal, qué sé yo si algo está bien o mal…está y es lo que hay que entender, que está.

El proceso de volverse puta

Para ese entonces Natalia trabajaba como administrativa en un trabajo donde le pagaban siete mil pesos al mes, y donde seis se iban en la renta del alquiler. Estaba en banca rota total, todos los meses debía pedir dinero prestado, con faltantes. Y además la responsabilidad de una hija de un año y medio. Una vez, un fin de semana abro las alacenas, y no tenía una mierda, eso fue a fines de abril del 2017, me acuerdo que dije “este va a ser el último mes que yo me cago de hambre” y todo se fue dando, era una energía de cambio que también me pedía, que me iba poniendo las cosas en el camino de lo que yo quería.

Esa fue la situación para que Natalia decidiera comenzar el trabajo sexual, abrir las alacenas y no tener nada y no poder contar con el apoyo económico de su familia. El mes de abril del 2017, para ella fue el determinante de la pobreza, y en mayo, tomó la decisión. Había dos cuestiones: Natalia estaba ansiosa por conocer más su sexualidad y la segunda que ella buscaba un trabajo que le permitiera laburar autogestionándose, pensó en vender remeras pintadas por ella misma, sin embargo sabía que para la inversión necesitaba dinero, que por supuesto en ese momento no tenía.

Foto: Gentileza de Natalia Canteros

Su iniciación: primeros clientes

Ese tres de junio del 2017, después de la marcha, Natalia llegó a su casa muerta de cansancio. Decidió descansar un rato y por la tarde entró al grupo para mirar qué de nuevo había, para ella era nuevo ese mundo; en ese momento una de las chicas escribió: “Tengo una pareja de confianza que quiere un trío para hoy a la noche, a domicilio. Los recomiendo, son buena onda” No lo pensó: “… Así re caradura, en mi puta vida había hecho un trío, no sabía ni qué carajo era hacer eso, ni qué había que hacer, ni nada” A los quince minutos ya le estaba llamando la pareja para acordar la hora, les mandó un par de fotos “caseras” para que ellos dieran el visto bueno y la aceptaron. El lugar le quedaba a siete cuadras de su casa, así que decidió irse caminando.

Encontró a la pareja igual de nerviosos que ella, solo que ella debía tomar una pose segura: era la experta. Ésta era una pareja de amantes, el hombre era casado y ella, una mujer lesbiana que estaba con él por sacarle dinero, estaban juntos porque les gustaba experimentar, por eso habían decidido tener un trío con una prostituta. Cuando Natalia llegó la invitaron a beber unos camparis, charlaron tranquilos hasta que la mujer la llamó a la habitación y le dijo: “Yo no sé cómo se comienza, y mi respuesta por dentro era “yo menos” (ríe) y era como ¡ay dios! ¿y qué le digo? Y entonces le pregunté que qué le gustaba a él y a ella y que dejara que todo fuera fluyendo, sin hacer nada mecánico”.

Y así es como cuenta entre risas que se fue dando, un momento que resultó muy placentero, divertido y además, era el primer trío que hacía en su vida y argumenta que eso hizo que se quitara muchos prejuicios que tenía en torno a lo que podía o no hacer con su sexualidad, con su cuerpo al lado de otros cuerpos, en torno a los deseos del otro, de la otra. Para Natalia, el nacimiento de Nina en este primer encuentro fue experimentado desde un lugar libre que por supuesto le gustó; además respetando los consensos y los límites que pones con la otra persona de antemano.

Al día siguiente aceptó otro encuentro pero esta vez con un hombre mayor, de aproximadamente sesenta años, pero no hubo una química sexual sino más bien un acto mecánico que a ella no le gustó. Lo interesante vino después, cuando salió del lugar eran cerca de las 7:30 pm y cuenta: “Lo primero que hice fue ir al supermercado, cargar todo un carrito lleno de cosas, claro yo ya tenía la plata del día anterior más esta plata que estaba cobrando ahora y para mí era como “no puedo creer, pasé de estar cagándome de hambre a cargar lo que se me cantara el orto en un carrito” porque de ahí en más, yo ya sabía que no me iba a faltar nunca más guita, porque realmente la pasé muy mal. Si vos te cagás de hambre sola es diferente a la incertidumbre de saber si le vas a poder dar de comer a tu hija al día siguiente. Entonces fue que dije, “no, el laburo actual que tengo es una mierda, no me van a ascender, no voy a ganar más que eso que estoy ganando, entonces ese fin de semana para mí fue como el mejor de mi vida; cargué todas las cosas en la alacena y le mandé mensaje de whatsapp al grupo de todas las compañeras y les dije, Yo no sé si les pasa a ustedes pero me siento contenta, mirando y sonriéndole a la alacena llena, desde hace diez minutos”, y se cagaban de risa y me dijeron así como “nos pasó a todas”. Es como el empoderamiento que te hace sentir saber que podés por vos misma y saber que en realidad rompiste un montón de prejuicios con el solo hecho de hacerlo; qué sé yo si está bien o mal, lo hago y punto.

Después de estos días Natalia encontró la respuesta: Yo sabía que iba a ser puta por lo menos por un buen tiempo, yo no sabía el límite de cuando iba a dejar de serlo. Para ella, la tranquilidad de saber que su hija regresa a casa los lunes y ella ahora puede darle de comer todo lo que la niña pida, es impagable. Cuando alguien cercano la juzga y le señala lo mal que está ejercer el trabajo sexual, ella siempre les responde a esas mismas personas que cuántas cajas de leche, por lo menos para su hija, le mandó para ayudarlas mientras pasaba por esa crisis. Por supuesto que todos se quedan callados. Natalia acepta que trabaja en esto por necesidad, pero que lo haría en cualquier otro oficio si ese le permitiera llegar bien a fin de mes, que le diera tiempo para convivir y ver el crecimiento de su hija de cerca, para tocar el ukulele (que está comenzando a tocarlo) y a escribir, que es lo que más le gusta. Hay cosas que ella no está dispuesta a esperar que sea el fin de semana para hacerlas, le parece completamente perverso el sistema por cómo digita la vida de todos, que tienes que trabajar todo un año para tener quince días de vacaciones o trabajar seis días para tener libre uno.

Para ella, el trabajo sexual, más allá de solucionarle su problema económico, lo dice segura, le abrió un mundo donde ya no solo es Natalia, sino también Nina, pero al mismo tiempo puede ser todo lo que ella quiera ser, y dice: Cómo no voy a militar activamente con este colectivo si fue el que me contuvo en los peores momentos, el que me abrazó cuando todos me soltaron la mano, el que me hizo sentir un amor descomunal conmigo misma pero también de ellas hacia mí, les debo la vida, todo les debo, todo”.

El factor familia

A los seis meses de estar ejerciendo decidió decírselo a su madre, decirle el trasfondo del porqué lo había decidido. Para su madre no fue fácil pero aceptó y apoyó todo; con su padre nunca tocó el tema porque no vive cerca de ellos; sus hermanos fueron rotundamente conservadores y se negaron a entenderla, tanto que, aún hoy en día, viven con cierta indignación hacia su laburo. Ella está consciente de que era una situación complicada para su familia, sin embargo poco a poco han ido dejando de juzgarla y su relación con todos ellos ha ido mejorando.

¿Cómo labura Nina?

Hay prostitutas que trabajan en calle, otras en privados, en cabarets y por internet. Trabajar en la calle es difícil porque hay que saberse los códigos, no es de ir y pararse en una esquina a esperar un cliente. Tener un sindicado a la mano ha hecho que ellas se conozcan y se protejan entre todas. Nina labura por internet, en la página CITAXXX, que es una plataforma privada en las que los clientes pagan una cantidad mensual para estar dentro de ese grupo. Y por redes sociales, en Twitter, Instagram y Tumblr. Dice que por redes sociales le llegan más clientes, un plus de ella es que tiene servicio de Chat hot y webcam, así cuando no quiere salir a laburar fuera de casa, aplica esas modalidades y saca su día. Sus citas son en hoteles y cuando los clientes ya son de confianza, a domicilio.

Yo soy mi propia jefa, yo pongo los límites, yo pongo las condiciones, yo pongo las tarifas, yo consensúo con la otra persona que sí y que no, yo elijo a quien sí veo y a quien no. Además de que me estoy conociendo más sexualmente, a mí me encanta ser trabajadora sexual, porque además de que es una fuente inagotable para mis escritos, me encanta la idea de poder interactuar con el otro o la otra como yo lo hago, como yo decido hacerlo. A mí no me sale hacer todo de manera mecánica, yo disfruto, siempre digo como “lo que estudié en psicología, lo llevo todo el tiempo para saber de la vida del cliente. Lo que estudie de periodismo lo uso para preguntar, para sacar información; y después mucho de mi material de escritura tiene que ver también con eso que yo voy viviendo con las personas”. He hablado con un par de clientes que me dicen “pero vos no parecés puta” y yo les contestaba, ¿qué es parecer puta, qué es ser puta? Y me decían “es que no sé, te veo como una amiga con la que puedo hablar de un montón de cosas de las que no hablo con todo el mundo, ni si quiera a veces con mis amigos, mucho menos con mi pareja y siento esa confianza, siento que sos un bálsamo al agotamiento de toda la semana, entro acá y la paz”, y entonces yo le digo, “pero es que eso es parte del trabajo sexual también, qué pensás que por ser puta tengo que venir a hacer todo de manera mecánica o sacarte ventaja o qué” Hay muchas formas de ejercer el trabajo sexual, es como cuando subís a un taxi y no le preguntás nada al chabón que va conduciendo, yo no podría hacerlo, en mi trabajo como yo digito cómo va a ser el encuentro, la persona viene no porque quiere coger, porque para coger puede hacerlo con cualquier persona, muchas veces sí vienen a eso; pero fuera de eso, la mayoría de las veces el trato, el poder hablar de un montón de cosas que con otras personas no pueden, pero además el poder hablar desde un lugar con una libertad real, se gana con un montón de dialogo y es lo que los hace sentir cómodos.

Cuenta que la mayoría de las veces, en los encuentros de una hora, diez minutos son para el acto sexual y el resto los clientes se la pasan hablando, no porque ése sea el trato sino porque hay personas que solo pagan por hablar con ellas. Para ella es aliviador darse cuenta que esas personas no salen del lugar como entraron, siente el alivio que sienten ellos cuando se marchan. Dice que se hace cargo también de eso y le gusta. Muchas veces ha sido flexible con los precios ya que se ha dado cuenta que a veces la persona en cuestión lo que necesita es que ella esté ahí, ayudándola a soltar algo y nada más.

Nina León ofrece servicio de “sexo literario”, en el taller aprendió lo estimulantes que son los ejercicios de escritura, y cuando comenzó este trabajo decidió implementarlo con sus clientes, dice que sabe cómo llegar hacer sentir bien a sus clientes mediante un escrito, así que ella juega con eso y dice que las personas se sueltan de una manera impresionante. El sexo literario no tiene forma, lo único que incluye es la escritura, bueno me pasa en el encuentro mismo, le digo al cliente “che, te jode si tengo un cuaderno y una birome a mano y voy escribiendo” les re copa, les genera como un morbo raro, al ver hacer la obra maestra, el momento de creación. Es como una excitación y para mí eso está buenísimo. Los clientes aman ver a Nina escribiendo sobre sus encuentros, ella los invita previo a la cita, a que lleven algo que les guste, como un instrumento musical o cualquier cosa. Le pasó en una ocasión con un cliente que llevó su guitarra y mientras él tocaba, ella iba escribiendo, al final fue una sensación maravillosa el compartir un producto artístico que ellos compusieron. A ella le encanta escribir con un montón de incentivos que son todos distintos, después dice ¿cómo no me va a gustar mi laburo?, escribo en cualquier momento, a veces ni siquiera terminamos cogiendo, a veces ellos te pagan por el rato que quieren que vos estés adentro de su casa.

Foto: Gentileza de Natalia Canteros

 

Otro momento que recuerda con risa es cuando trabajó en un pernocte y recuerda que con el cliente no sintió una química sexual, yo llevé cosas para jugar, todo relacionado con la escritura y como yo sabía que al pibe le gustaba sacar fotos entonces le dije “llevá tu cámara si querés y vos hacés lo que te gusta y yo hago lo que me gusta” y se fue dando eso de ponerme a escribir y en un momento, la escritura se fue volcando en una persona con la que yo tengo deseo sexual a la que no le cobraría necesariamente (ríe) y yo me lo empecé a imaginar como a ese flaco, e iba escribiendo y de repente nada, casi que ya estábamos empezando a manotearnos y demás con el cliente y yo comencé a pensar que ese cliente era este flaco que a mí me gusta y empecé a escribir como si fuera él, y a medida que iba escribiendo mi imaginación iba volando, si el chabón me besaba acá yo iba volando como si fuera el otro y a la vez iba escribiendo y de repente eran poemas que había escrito y estaba como re sacada; en algún momento me dice el cliente “¿qué fue lo que te sacó tanto? Y yo como “la escritura” (ríe). Y sí, la escritura para mí es como la forma más ilimitada de jugar y yo no puedo vivir sin jugar, es como mi esencia. Voy a tener ochenta años y yo voy a querer seguir jugando porque si no me muero, no puedo; y más desde que me dieron herramientas para animarme a escribir, que eso fue lo mejor que hizo este taller conmigo porque es súper lúdico además. Sin militancia y sin escritura no concibo la vida.

Durante la charla me surge la duda de cuál es la diferencia entre puta, puta vip y ‘scort’ y me responde: Hay formas de llamar a una prostituta: si te hablan de Puerto Madero (una zona ‘nice’ de Buenos Aires), capaz que no les gusta que te denomines Puta, entonces decís que sos ‘scort’; podés ser ‘scort’, trabajadora sexual, puta, prostituta, lo que sea, como uno decida identificarse el trasfondo es exactamente el mismo, una persona que ofrece su servicio sexual. Ser Puta Vip, por ejemplo, es hacer lo mismo que yo hago pero cobrar ocho veces más, son mujeres que muchas veces están como acompañantes, que pegan círculos donde los que te pagan son empresarios, o gente con mucha guita para que pases alguna noche; y muchas veces esas putas vip saben cinco idiomas, a veces tenés más facha que títulos, más viveza por donde ganar más guita en menos tiempo, que es lo que a mí me falta. Pero el coeficiente intelectual es el mismo, también salir en la tele te hace ser puta vip, porque yo tengo clientes que han estado con pibas del “bailando por un sueño” y que ellas se autodenominan Modelos, pero en realidad son putas vip, solo que no lo dicen abiertamente, y como laburan además como vedettes o como lo que sea y salen en la tele, cobran no sé, cien dólares sentarse a tomar un café para conocerte como cliente y después pasamos a lo otro si es que está dispuesta.

Yo pegué un cliente que proviene de una clase pudiente, que antes en su época más putañera cerraba cabarets para él y sus amigos con todas las putas adentro, así, a ese punto, imagínate la guita que maneja, y ese por ejemplo, es un cliente que ahora me pidió que le empiece a dar taller de escritura adentro del telo. Y digo “¿cómo me voy a aburrir de este trabajo? que es el mejor que me tocó en la vida”, yo me divierto mucho, eso es de lo que más rescato en mi laburo, que me divierto mucho, de verdad. Toda la vida quise dar clases, y bueno, ahora voy a dar clases en el telo, y las doy como yo quiero, conociendo a los alumnos de manera personalizada es como “obvio, sí quiero eso, toda la vida quiero eso”.

Su producción literaria actual

Natalia se encuentra en un momento de recopilación de cuadernos literarios que fue escribiendo desde el 2015, pensaba hacer una página web y subir ahí su producción, sin embargo, pensó que tampoco quería hacerlo así, a la ligera. Dice que debe sentarse a releer ese montón de cuadernos y comenzar a corregir, ya es tiempo. Está planificando todo ese material para formar un libro y que si va a hacer una página web que sea pero con suscriptores que paguen por mes para entrar a su página. Me cuenta que le cuesta estar en sintonía con la lectura y la escritura, si hace una no hace la otra y viceversa. Sin embargo, ambas disfruta absolutamente.

Foto: Gentileza de Natalia Canteros

A Natalia no le preocupa pensar en si este trabajo es temporal o no, su meta es comprarse una casa y tener su propio espacio para sentarse a crear y que al mismo tiempo también lo tenga su hija. Cree que cuando consiga eso tendrá más tiempo para dedicarse a la escritura. Sin embargo tampoco se ve a futuro sin seguir ejerciendo el trabajo sexual porque le gusta y es un estímulo cotidiano el pensar, “¿bueno, y a quién voy a conocer hoy?”. Ahora ella se sabe Natalia y Nina al mismo tiempo, ya que dice tener mucho de las dos, de la raíz de Natalia que fue la que nació en ese cuerpo de mujer y de la llegada de Nina que nace en el momento en que se atrevió a vivir con menos temores. Dentro de esas dos personas está la puta, la escritora, la madre, la compañera militante. Es una mujer que trata de que el amor sea eso que siente, eso que dice y eso que hace y que eso obviamente no sea solo para sí misma sino también para las personas que se van cruzando en su destino. Todos los días batalla con su narcisismo (del que ella acepta hacerse cargo), conoce sus debilidades y sus defectos. Se sabe viajera en el proceso de aprendizaje que es la vida. La Puta Escritora sonríe, vive tranquila desde que aceptó en su vida la Otredad, ama ser la mujer que es y acepta también su oscuridad.

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